Por Mariana Rambaldi
Más de 28 millones de personas están habilitadas en los padrones para votar en las elecciones presidenciales argentinas del próximo domingo en las que también se elegirán gobernadores, senadores y diputados nacionales, concejales e intendentes en varias provincias. Dentro del vasto electorado, se hallan los votantes de los pueblos originarios, uno de los sectores sociales más sensibles que, además, posee características singulares y propias.
Argentina es un país con sangre italiana y española. También coexisten inmigrantes de países vecinos y numerosas comunidades provenientes de todo el mundo. Pero antes de la llegada de cualquiera de estas colectividades, esta porción de territorio tenía habitantes originarios. Argentina es, en su vastedad, mestiza.
Según el último censo, llevado a cabo el año pasado, en la Argentina viven algo más de 40 millones de personas y, de acuerdo con la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas realizada entre 2004 y 2005, más de 600 mil se reconocen o son fehacientemente descendientes en primera generación de pueblos originarios, aunque desde las organizaciones indígenas estiman que la población real se halla entre uno y tres millones. Conforme los datos del Indec, existen 30 etnias en la Argentina. Los Mapuches de la Patagonia, los Kollas del Noroeste y los Tobas y Wichís de Chaco y Formosa encarnan más del 50 por ciento del total de personas. Se calcula, sobre datos oficiales, que cerca de 400 mil indígenas se encuentran en edad para votar en el próximo domingo.
Pero para estas poblaciones, el hecho de concurrir a una elección en ocasiones no resulta sencillo. Por ejemplo, en las comunidades más apartadas muchos aborígenes no disponen del documento nacional de identidad. El ministro del interior, Florencio Randazzo, es quien lleva adelante los programas del nuevo DNI y pasaporte y, desde la cartera que maneja, asegura que “se incorporará a todos los miembros de pueblos originarios, sin límites de edad, para que accedan al nuevo DNI, que consta de una cédula y libreta para votar”.
Daniel Fernández, presidente del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), dice que “se está trabajando arduamente sobre la documentación y prueba de ello es que este año se agregó el decreto 278 que establece un trámite especial y gratuito. El INAI es autoridad de aplicación en este campo en conjunto con el Ministerio del Interior.” Dicho decreto contempla, además, la situación peculiar de los pueblos originarios, ya que en muchos casos las personas no pueden acreditar su identidad porque carecen de certificados de nacimiento. Busca garantizar el derecho fundamental a la identidad e identificación de las personas.
Fernández explica que el INAI “es un organismo estatal con sus raíces en la década del 80 dedicado a la atención de la problemática indígena, que tiene como uno de sus temas centrales, la cuestión de las tierras”. Agrega que se encargan de registrar e inscribir a las poblaciones de áreas rurales y que en la actualidad existen más de 1100 comunidades.
Referente a la documentación, existen turbios antecedentes: en junio de 2009 varias comunidades Wichí de Formosa denunciaron que el intendente Cristino Vidal Mendoza, quien respondía al actual gobernador que buscará su cuarto mandato consecutivo el domingo, Gildo Insfrán, los encerraban, les quitaban el documento y luego se los devolvían con el sello del voto emitido.
No solo el DNI resulta ser una dificultad. Existen también barreras idiomáticas en ciertos núcleos de habitantes nativos. Según investigaciones del Conicet, en lo que hoy es Argentina, antes de la llegada de los conquistadores se hablaban unas 35 lenguas, de las que quedaron solo 13. “En general la población originaria habla dos lenguas: la suya y el castellano. Hay grupos en el Chaco Salteño y en el Impenetrable donde hay una conservación del idioma original muy fuerte y dificultades para relacionarse a través del español”, expresa Fernández. Los núcleos más duros y con mayores barreras de lenguaje, dice, se encuentran especialmente entre las comunidades Wichí, resultando casi imposible la llegada de información.
Fernández destaca el rol de importancia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y las tareas de la Comisión Nacional de Comunicaciones: “se está trabajando en la llegada de la televisión a lugares muy alejados. Inclusive, en una labor conjunta con la Comisión se proveen equipos de onda corta y de televisión satelital”.
El decreto 445/2011, anunciado en boletín oficial en abril de este año, establece que los medios audiovisuales deben ceder el 10 por ciento de 12 horas de programación para la divulgación de anuncios electorales en períodos de campaña. Ese tiempo no se considera como publicidad y debe ser distribuido, entre todas las fuerzas políticas que participen en la elección. “Esta ley es importantísima para la difusión de los candidatos en las comunidades. Incrementó el nivel de conocimiento y de información dentro de los pueblos”, dice Fernández.
Lo cierto es que, la situación de los habitantes autóctonos requiere de campañas políticas específicas porque su entorno es singular. Un ejemplo fue la difusión en los medios de las provincias donde moran comunidades indígenas que tuvo el Censo Nacional llevado acabo en 2010, cuando se realizaron anuncios bilingües en quechua, huarpe y castellano. “En general, las campañas son las mismas aunque, en algunos casos, se adecuan y se utilizan mensajes escritos en la lengua correspondiente a las diversas etnias. Otra modalidad común son los afiches y volantes en su idioma y la propaganda en los caminos rurales y radios comunitarias”, añade el presidente del INAI.
Otro escollo que enfrentan es la geografía, ya que muchos poblados se hallan en zonas inaccesibles y faltos de movilidad. “El mayor obstáculo era el transporte. Tenían dificultad con los caminos de acceso y no podían llegar a votar. Usaban y usan tracción a sangre aunque, cada vez más, utilizan motos. Estamos trabajando para ganar en comunicación terrestre”, explica el mandatario del INAI.
Por otra parte, dentro de los pueblos se vienen desarrollando también procesos democráticos. El caso más representativo es el de los Qom de Formosa, conocidos por sus acampes en la avenida 9 de Julio de la Ciudad de Buenos Aires en reclamo de la devolución de tierras que les pertenecían. “En la comunidad Qom La Primavera existía un problema de representación y hubo que dirimir entre dos candidatos. Ellos se organizaron, erigieron un padrón, imprimieron boletas y votaron, dando por ganador a Félix Díaz, mientras que el Estado brindó garantías y les reconoció la personería jurídica. Pero no hay que confundir: ellos eligen a sus jefes pero luego votan en las elecciones generales como cualquier argentino”, relata Fernández.
Asimismo, el presidente del INAI asegura que la participación en las urnas ha aumentado considerablemente, hecho de suma importancia puesto que se trata de “la restitución de derechos a los excluidos Pueblos Originarios”.
Tras siglos de desidia, de marginación y de ensañamiento indolente con quienes habitaban estas tierras, poco a poco emerge la visibilización de aquellos que estuvieron al borde del total exterminio. La constitución del 94 los reconoció por primera vez como población preexistente a la llegada de los conquistadores y los pueblos originarios, tenaces, demuestran su voluntad de participación en los comicios nacionales y en ser partes constituyentes de la democracia y de la identidad plural, mestiza y nacional Argentina.
Desde la radiofonía comunitaria
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viernes, 21 de octubre de 2011
Locos por votar
Por Valeria Bianciotto“El voto debe ser un derecho para todos, y cada uno debe elegir si quiere o no ejercerlo”, expresa Adrián González (55), paciente del hospital Neuropsiquiátrico José Tiburcio Borda, con una bandera de Argentina colgada en la espalda con el lema Movimiento Evita. Néstor Dignifica.
El próximo domingo se habilitará a sufragar a las personas internadas en instituciones de salud mental por primera vez en una elección presidencial, salvo aquellas declaradas insanas en juicio. La primera campaña piloto se lanzó en las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO).
“Durante muchos años hemos simulado votaciones simbólicas como manera de inclusión y participación con los pacientes. Ahora con la Ley de Salud Mental la posibilidad de votar es real”, sostiene Alfredo Olivera (45), psicólogo, creador y director de LT 22 Radio La Colifata, que transmite desde el Borda hace veinte años.
La implementación surge en el marco de la primera Ley Nacional de Salud Mental-que se encuentra en etapa de reglamentación-y la Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral, que incluyó la modificación del Código Electoral Nacional.
Fernando (49), ex paciente del Borda, analiza: “Yo voto siempre. El problema es para los declarados insanos.Varias organizaciones están trabajando para que puedan votar. Otro tema es que existen muchos indocumentados”.
Actualmente, quienes estén declarados insanos lo son para todos los actos. Andrea Demasi, responsable de prensa y comunicación de la Dirección Nacional de Salud Mental, resume: “La Ley Nacional de Salud Mental pretende que las personas con padecimiento mental sean declaradas insanas en una restricción mínima. Para ello la ley propone juicios de revisión de insania”. Cita como ejemplo a una persona declarada insana para manejar un camión, pero que “puede ejercer sus derechos como ciudadano y concurrir a las urnas a votar”.
Leonardo (24), paciente del Borda, con un prendedor con la consigna El Borda es de Evita. CTA, explica que se vincula a la política por los diferentes medios de comunicación, radio, televisión, y por el contacto directo con familiares y amigos.
El coordinador del centro de asistencia en salud mental Proyecto Suma, Mariano Flores, argumenta: “La nueva ley permite a la persona ser un sujeto de derecho y no un objeto de asistencia. Derecho a decidir, a brindar consentimiento al tratamiento, derecho a votar, entre tantos más”.
El Inadi, las secretarías de Justicia y de Derechos Humanos, la Comisión Nacional Asesora para la Integración de Personas con Discapacidad (CONADIS), son algunas de las entidades oficiales que brindaron apoyo técnico a la campaña y participaron activamente por la aplicación de la nueva ley.
También colaboraron organizaciones sin fines de lucro como: Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Proyecto Suma, La Colifata, Asociación de los Derechos de Salud Mental (ADESAM), entre otros.
Hospital Borda (foto extraida de la web Radio La colifata)
jueves, 20 de octubre de 2011
Condenados a votar
Por Mariel SchwarzmanLos presos bonaerenses que aún no tienen condena firme, este domingo tendrán derecho a votar, en simultaneidad con la elección de los representantes nacionales, gobernador, vicegobernador y cargos provinciales. La primera experiencia se llevó a cabo en las elecciones primarias, gracias a una medida cautelar que aprobó la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires.
El planteo, que fue presentado por la Asociación Civil Abogados por la Justicia Social (AJUS) y por el defensor penal juvenil del Departamento Judicial de La Plata, Julián Axat Della Croce, intenta declarar la inconstitucionalidad y, por ende, suprimir de manera definitiva, el inciso del artículo 3 de la ley electoral 5109, que le prohíbe el derecho a elegir bancas regionales a los detenidos que cumplen prisión preventiva de la provincia de Buenos Aires.
Según datos otorgados por la Junta Electoral, hay alrededor de 11 millones de electores bonaerenses habilitados en las 8 secciones del conurbano, y aproximadamente 12 mil de ellos son detenidos en calidad de procesados.
A su vez, el diputado kirchnerista por la sección sexta, Iván Budassi, fue el mentor del proyecto de ley presentado en la Legislatura para modificar el sistema electoral de manera absoluta. El plan, además, busca el “derecho a voto de personas sordomudas que no pueden darse a entender por escrito y de mendigos y aislados que estén recluidos en establecimientos públicos”, entre otros.
Por su parte, la concesión brindada a los internos sin condena firme de elegir a autoridades nacionales se da desde el 2002, con la modificación del Código Electoral Nacional, lo que se conoce como el “fallo Emilio Mignone”, en homenaje al activista por los derechos humanos de la última dictadura militar. En éste, se advierte que “al excluir del padrón electoral a los detenidos sin condena, se atenta efectivamente contra la Constitución Nacional y los tratados internacionales de protección de los derechos humanos suscriptos por la República”.
En este sentido, el psicólogo social Hugo Pérez, cuestiona el por qué se priva de los derechos cívicos a los presos, aún a aquellos que tienen sentencia firme. Lo atribuye a “la directriz machista, patriarcal y paternalista del Estado”, cuya “justicia” tiene “el concepto único de castigo y la democracia sólo ligada al voto”. Así observa la falta de educación e información, en este caso política, en las cárceles.
Sin embargo, desde el Servicio Penitenciario Bonaerense, se brindaron cursos de capacitación a directores y maestros de las unidades carcelarias, con el objetivo de “mejorar la organización respecto a las elecciones pasadas”. En ellos, se enseñó el proceder de las mesas electorales y de cada directivo. Claudio Chidimo, docente de la escuela que funciona en la Unidad de Mercedes y autoridad de mesa de dicho penal en las elecciones primarias del 14 de agosto, explica que la modalidad de elección de los internos es a través del sistema de boleta única y que para llevar el control correcto de quiénes están habilitados, se verifican los nombres en el Registro de Electores Privados de Libertad.
Ni techo ni voto
Por Jeanette Romina Juárez
La dama del Congreso –una mujer de unos 60 años que pide que la llamen así para no dar su nombre- vive en la calle, en Riobamba y Avenida Rivadavia, desde hace 13 años, cuando abandonó a su marido porque la maltrataba. Mientras seca sus pocas ropas que se mojaron tras la lluvia cuenta que si bien tiene documento de identidad no votará en las elecciones del 23 de octubre porque hace tiempo que no cree en el sistema político, que según ella, es un mundo que favorece sólo a unos pocos. La última vez que votó, lo hizo por Raúl Alfonsín hace casi 30 años y si tuviese que hacerlo ahora elegiría a Cristina Fernández de Kirchner sólo porque es mujer.
Aunque organizaciones civiles estiman que son aproximadamente 15 mil, según el Gobierno porteño son 1400 las personas que viven en las calles de la ciudad de Buenos Aires. Unos pocos ofrecen su punto de vista respecto a las elecciones, muchos parecen perdidos o alcoholizados y otros no responden. Para la mayoría de ellos estas elecciones pasarán inadvertidas.
En Parque Avellaneda està Roberto Leis. La firmeza de sus palabras es contundente : “No voy a votar, no tengo documento de identidad, recursos ni ganas”. Roberto tiene 51 años y reside en una plaza ubicada en la calle Mozart al 900 bajo el puente de la autopista 25 de Mayo. Sus únicas pertenencias son una jarra de acero, dos almohadas, diarios viejos y un pequeño colchón donde no cabe su cuerpo entero. Mientras dobla hojas de diario – sin querer decir porqué lo hace- cuenta que no tuvo una vida fácil. Todos los días trata de sobrevivir por sí mismo y el gobierno no lo ayuda. Son pocas las explicaciones que ofrece cuando trata de justificar su desencanto con la política. Según su opinión, ésta sólo empeora las cosas. Con una mueca de resignación y un tanto de ironía asegura que está contento de no ser parte de ese mundo.
La mayor parte de la juventud en situación de calle no conoce el sistema político, y Alejandra Fadic, de 18 años, lo confirma. Hija de una madre alcohólica y hermana de tres chicos menores de edad, camina sobre la calle Emilio Castro al 5200 en busca de comida, alguna moneda o algo que pueda serle útil. Conoce las calles y asegura que ellas le enseñaron mucho pero no lo que debía aprender. No sabe cómo es el proceso de votación y aunque sus palabras no lo digan, la expresión en su rotro refleja un dejo de tristeza. Finalmente se da media vuelta y continúa su búsqueda.
Muchas personas pasan sus días tratando de conseguir un lugar para dormir, improvisan sus camas con cartones y telas viejas, tratan de sobrellevar el frío y de callar el hambre, todos tienen una historia diferente, una angustia propia. Para ellos las elecciones son tan sólo un juego más al que no fueron invitados.
La dama del Congreso –una mujer de unos 60 años que pide que la llamen así para no dar su nombre- vive en la calle, en Riobamba y Avenida Rivadavia, desde hace 13 años, cuando abandonó a su marido porque la maltrataba. Mientras seca sus pocas ropas que se mojaron tras la lluvia cuenta que si bien tiene documento de identidad no votará en las elecciones del 23 de octubre porque hace tiempo que no cree en el sistema político, que según ella, es un mundo que favorece sólo a unos pocos. La última vez que votó, lo hizo por Raúl Alfonsín hace casi 30 años y si tuviese que hacerlo ahora elegiría a Cristina Fernández de Kirchner sólo porque es mujer.
Aunque organizaciones civiles estiman que son aproximadamente 15 mil, según el Gobierno porteño son 1400 las personas que viven en las calles de la ciudad de Buenos Aires. Unos pocos ofrecen su punto de vista respecto a las elecciones, muchos parecen perdidos o alcoholizados y otros no responden. Para la mayoría de ellos estas elecciones pasarán inadvertidas.
En Parque Avellaneda està Roberto Leis. La firmeza de sus palabras es contundente : “No voy a votar, no tengo documento de identidad, recursos ni ganas”. Roberto tiene 51 años y reside en una plaza ubicada en la calle Mozart al 900 bajo el puente de la autopista 25 de Mayo. Sus únicas pertenencias son una jarra de acero, dos almohadas, diarios viejos y un pequeño colchón donde no cabe su cuerpo entero. Mientras dobla hojas de diario – sin querer decir porqué lo hace- cuenta que no tuvo una vida fácil. Todos los días trata de sobrevivir por sí mismo y el gobierno no lo ayuda. Son pocas las explicaciones que ofrece cuando trata de justificar su desencanto con la política. Según su opinión, ésta sólo empeora las cosas. Con una mueca de resignación y un tanto de ironía asegura que está contento de no ser parte de ese mundo.
La mayor parte de la juventud en situación de calle no conoce el sistema político, y Alejandra Fadic, de 18 años, lo confirma. Hija de una madre alcohólica y hermana de tres chicos menores de edad, camina sobre la calle Emilio Castro al 5200 en busca de comida, alguna moneda o algo que pueda serle útil. Conoce las calles y asegura que ellas le enseñaron mucho pero no lo que debía aprender. No sabe cómo es el proceso de votación y aunque sus palabras no lo digan, la expresión en su rotro refleja un dejo de tristeza. Finalmente se da media vuelta y continúa su búsqueda.
Muchas personas pasan sus días tratando de conseguir un lugar para dormir, improvisan sus camas con cartones y telas viejas, tratan de sobrellevar el frío y de callar el hambre, todos tienen una historia diferente, una angustia propia. Para ellos las elecciones son tan sólo un juego más al que no fueron invitados.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Entre apuntes y campañas
Por Luciana Carossia y Dolores Rauss
El próximo domingo se llevarán a cabo las elecciones nacionales, el resultado de las mismas es sabido con anticipación. Sin embargo, esto no impide que los jóvenes militen de manera activa reivindicándose y defendiendo sus ideales.
La Universidad de Buenos Aires (UBA) ha sido uno de los principales escenarios en los cuales se ve reflejado el aumento de la participación en la política por parte de los estudiantes.
Dentro de la UBA, los métodos que los jóvenes utilizan para promover las ideas del partido político para el que militan son variados: algunos reparten volantes y folletos en los pasillos mientras que otros prefieren hablar frente al alumnado antes de que los profesores empiecen con sus clases. César tiene 26 años, estudia la carrera de Contador Público, hace seis milita en Nuevo Espacio, y explica que muchas veces resulta “molesto” para el estudiantado que los militantes ingresen a la mitad de la clase para exponer ideas o invitarlos a las distintas actividades que se llevan a cabo. “Depende de la facultad y del horario de la cursada”, agrega Alan, de 22 años, estudiante de economía y militante del S.O.S., una corriente que hoy en día forma parte del MxE (Movimiento por Económicas) y desde 2006 conforma la Corriente Universitaria Julio Antonio Mella, más conocida como La Mella.
María Florencia Peralta tiene 23 años y hace cuatro que estudia Ciencias de la Comunicación Social. Milita en la Izquierda Socialista desde 2009 y es consciente de que la interrupción de las clases como medio de difusión no es del todo efectivo, sin embargo aún encuentra difícil la creación de espacios alternativos donde puedan llamar la atención de los alumnos que no sea a través de un folleto.
Cesar y Alan empezaron a militar con el objetivo de cambiar el mundo, la sociedad y, principalmente, mejorar la educación pública: “Hoy en día, la UBA está en una situación muy decadente en cuestiones de la extensión de las carreras y el nivel académico - dice César - las universidades son una usina de investigación que hay que saber aprovechar”.
“Arranqué para llevarle la contra a mis viejos que son bastante fachos”, cuenta Florencia. Y agrega: “De chica no me daba cuenta la inclinación política de mis papás y cuando no entendés mucho, siempre lo que ellos hacen te parece que es lo mejor”. Empezó a militar en la Izquierda Socialista cuando vio que este partido era el exponente opuesto a las ideas que solían predicarse en su casa.
En cambio, Diego Flexer, estudiante de Economía, cuenta que originalmente se acercó a la militancia por la curiosidad que le generaban las problemáticas sociales que existían en los barrios carenciados. “A los 16 me contacté con personas militantes del Partido Obrero (P.O.) y comencé un proceso de debate con ellos que me llevó a la conclusión de que era necesario participar para generar un cambio real. Militar no era lo mas habitual para un chico de mi edad pero mis padres también lo habían hecho y no les pareció mala idea que me acercara tan temprano a la política”, dice el joven de 22 años.
Más allá de la carrera que cursen y las ideologías con las que se identifiquen, estos y muchos otros jóvenes coinciden en que la militancia estudiantil debe estar presente en la sociedad argentina para nutrirla y generar debates que impliquen el respeto hacia un amplio abanico de opiniones que merecen ser escuchadas y valoradas.
El próximo domingo se llevarán a cabo las elecciones nacionales, el resultado de las mismas es sabido con anticipación. Sin embargo, esto no impide que los jóvenes militen de manera activa reivindicándose y defendiendo sus ideales.
La Universidad de Buenos Aires (UBA) ha sido uno de los principales escenarios en los cuales se ve reflejado el aumento de la participación en la política por parte de los estudiantes.
Dentro de la UBA, los métodos que los jóvenes utilizan para promover las ideas del partido político para el que militan son variados: algunos reparten volantes y folletos en los pasillos mientras que otros prefieren hablar frente al alumnado antes de que los profesores empiecen con sus clases. César tiene 26 años, estudia la carrera de Contador Público, hace seis milita en Nuevo Espacio, y explica que muchas veces resulta “molesto” para el estudiantado que los militantes ingresen a la mitad de la clase para exponer ideas o invitarlos a las distintas actividades que se llevan a cabo. “Depende de la facultad y del horario de la cursada”, agrega Alan, de 22 años, estudiante de economía y militante del S.O.S., una corriente que hoy en día forma parte del MxE (Movimiento por Económicas) y desde 2006 conforma la Corriente Universitaria Julio Antonio Mella, más conocida como La Mella.
María Florencia Peralta tiene 23 años y hace cuatro que estudia Ciencias de la Comunicación Social. Milita en la Izquierda Socialista desde 2009 y es consciente de que la interrupción de las clases como medio de difusión no es del todo efectivo, sin embargo aún encuentra difícil la creación de espacios alternativos donde puedan llamar la atención de los alumnos que no sea a través de un folleto.
Cesar y Alan empezaron a militar con el objetivo de cambiar el mundo, la sociedad y, principalmente, mejorar la educación pública: “Hoy en día, la UBA está en una situación muy decadente en cuestiones de la extensión de las carreras y el nivel académico - dice César - las universidades son una usina de investigación que hay que saber aprovechar”.
“Arranqué para llevarle la contra a mis viejos que son bastante fachos”, cuenta Florencia. Y agrega: “De chica no me daba cuenta la inclinación política de mis papás y cuando no entendés mucho, siempre lo que ellos hacen te parece que es lo mejor”. Empezó a militar en la Izquierda Socialista cuando vio que este partido era el exponente opuesto a las ideas que solían predicarse en su casa.
En cambio, Diego Flexer, estudiante de Economía, cuenta que originalmente se acercó a la militancia por la curiosidad que le generaban las problemáticas sociales que existían en los barrios carenciados. “A los 16 me contacté con personas militantes del Partido Obrero (P.O.) y comencé un proceso de debate con ellos que me llevó a la conclusión de que era necesario participar para generar un cambio real. Militar no era lo mas habitual para un chico de mi edad pero mis padres también lo habían hecho y no les pareció mala idea que me acercara tan temprano a la política”, dice el joven de 22 años.
Más allá de la carrera que cursen y las ideologías con las que se identifiquen, estos y muchos otros jóvenes coinciden en que la militancia estudiantil debe estar presente en la sociedad argentina para nutrirla y generar debates que impliquen el respeto hacia un amplio abanico de opiniones que merecen ser escuchadas y valoradas.
La elección de no votar

Por Giuliana Formía y Martín Zubiaur
“Los anarquistas permanecen, como siempre, adversarios al parlamentarismo y de la táctica parlamentaria”, escribió Errico Malatesta al medio italiano Messaggero, el 7 de febrero de 1897. Una ideología que rechaza el voto y la democracia representativa que perdura hasta nuestros días.
Jorge, integrante de la Federación Libertaria Argentina (FLA) explica que el anarquismo es un pensamiento que no busca una organización piramidal, sino el consenso, una democracia directa más que representativa.
La FLA es una agrupación anarquista, que lleva setenta y seis años funcionando en Argentina, y entre las principales actividades, se encuentra la revista y editorial Reconstruir, el diario Acción Libertaria, como también su biblioteca.
Este libertario afirma que no les interesa realizar un marketing sobre la decisión de no votar, ya que la consideran una decisión personal.
“Hay mucha inmadurez en la política. Se espera a que el otro resuelva todo. Esto no es lo que combatimos, nosotros buscamos que el individuo tenga una conciencia crítica y reflexiva, que sea libre, con respeto y amor hacia el resto”, agrega.
Esta opinión es compartida por Facundo Malvenido, participante activo de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). “Un gobierno, sea de la tendencia que sea, no resuelve los problemas que tiene cada uno como individuo. Por eso lo que buscamos no es una votación, sino un consenso. En el primero, no hay debate serio sobre cada posición, no hay acuerdo, sino una imposición. En el consenso, vos escuchas la opinión del otro y se llega a una solución real”, explica.
La FORA nació en 1901 y, a pesar de las persecuciones políticas y militares que sufrieron a lo largo del sigo XX, a partir de los 80 se retomaron las banderas de solidaridad obrera y libertad que caracterizan a este movimiento. Luego de la crisis del 2001, se refunda la Sociedad de Oficios Varios de Capital y en el país. Hoy la Federación sigue existiendo, dando Congresos y charlas, y la publicación del periódico bimestral, Organización obrera.
Facundo, con 22 años, asevera que el voto no motiva a un cambio social. “Elegir un político es algo muy cómodo, pero no soluciona nada, es una gran falacia el pensar que se puede cambiar algo en las urnas”
Por su parte, Carlos Splavsky - poeta asambleario- hace 28 años que mantiene una ideología anarquista. “Me fui dando cuenta que no era un buen sistema, ya que no da canal para el cambio”, asegura. Quien además agrega que a la sociedad le costó muchos años que se decepcionara de la política, y que hoy en día existe una generación nueva que “no quiere creer más en las mentiras”.
Redactores: Formía Giuliana y Zubiaur Martín
Un concejal mapuche
Por Alejandra Cullen y Martín Melo
Carlos Viveros es concejal del Concejo Deliberante de Junín de los Andes, Neuquén. Habla acerca de sus orígenes, su relación con la política y opina sobre los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.
¿Cómo empezó a interesarse por la política?
Siempre fui militante. Desde el año 83, con la vuelta de la democracia me empecé a interesar por la política. Fui leyendo libros de Perón y Evita y quedé impresionado con hechos que me parecieron de una enorme valentía. En 1986 me afilié al Partido Justicialista y en 1995 fui electo concejal, puesto que seguiré ejerciendo hasta 2015, porque este año fui reelecto. Con la gestión de Menem quedé muy dolido, porque había una gran dependencia del exterior y así fue que me alejé un poco de la política. En 2003 me enamoré de la vida de Néstor y me emocionó la forma en que Argentina pudo levantarse de la gran crisis en la que había caido, gracias a él y luego a Cristina.
¿Algún familiar suyo participa activamente en política? ¿Cree que otros representantes de pueblos originarios ejercerán en puestos como el gobernador, por ejemplo?
De mi familia soy el único que trabaja en política, pero tengo fé que cada vez habrá más representantes de los pueblos originarios en cargos públicos. Incluso ahora, en varias partes del país hay diputados de distintas comunidades.
¿Cuál es su relación con la comunidad mapuche?
Pertenezco a una comunidad mapuche y mi hermano es el lonco -jefe de grupos de familias-. Él es un firme admirador de Néstor y Cristina, que nos devolvieron la paz y que tocaron el corazón de jóvenes y adultos. Nuestra comunidad tiene un gran apoyo a lo natural y esa convicción me ayudó mucho en la política por la visión de respeto que tenemos hacia la mujer y a la naturaleza. El 24 de junio festejamos el año nuevo mapuche y celebramos la vida porque se inicia un nuevo ciclo. Los loncos han charlado mano a mano con Cristina y Alicia Kirchner, una gran persona. Aquí en el Concejo, cinco de los siete trabajadores somos mapuches.
¿Cómo cree que la gestión de Cristina Fernández ayudó a los pueblos originarios?
Creo que nos ayudó a través de la inclusión de programas nacionales, lo que significó una garantía a la tierra, y eso, es lo más sagrado que tenemos. Además, como dijo Cristina ‘antes íbamos a pedir y ahora vamos a ofrecer’. No hay que tener temor de llevar la convicción del país, que propone una política inclusiva, garantizando derechos y generando inserción de diversos orígenes. Gracias a Néstor y a nuestra presidente las comunidades crecieron y ahora son respetadas.
Carlos Viveros es concejal del Concejo Deliberante de Junín de los Andes, Neuquén. Habla acerca de sus orígenes, su relación con la política y opina sobre los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.
¿Cómo empezó a interesarse por la política?
Siempre fui militante. Desde el año 83, con la vuelta de la democracia me empecé a interesar por la política. Fui leyendo libros de Perón y Evita y quedé impresionado con hechos que me parecieron de una enorme valentía. En 1986 me afilié al Partido Justicialista y en 1995 fui electo concejal, puesto que seguiré ejerciendo hasta 2015, porque este año fui reelecto. Con la gestión de Menem quedé muy dolido, porque había una gran dependencia del exterior y así fue que me alejé un poco de la política. En 2003 me enamoré de la vida de Néstor y me emocionó la forma en que Argentina pudo levantarse de la gran crisis en la que había caido, gracias a él y luego a Cristina.
¿Algún familiar suyo participa activamente en política? ¿Cree que otros representantes de pueblos originarios ejercerán en puestos como el gobernador, por ejemplo?
De mi familia soy el único que trabaja en política, pero tengo fé que cada vez habrá más representantes de los pueblos originarios en cargos públicos. Incluso ahora, en varias partes del país hay diputados de distintas comunidades.
¿Cuál es su relación con la comunidad mapuche?
Pertenezco a una comunidad mapuche y mi hermano es el lonco -jefe de grupos de familias-. Él es un firme admirador de Néstor y Cristina, que nos devolvieron la paz y que tocaron el corazón de jóvenes y adultos. Nuestra comunidad tiene un gran apoyo a lo natural y esa convicción me ayudó mucho en la política por la visión de respeto que tenemos hacia la mujer y a la naturaleza. El 24 de junio festejamos el año nuevo mapuche y celebramos la vida porque se inicia un nuevo ciclo. Los loncos han charlado mano a mano con Cristina y Alicia Kirchner, una gran persona. Aquí en el Concejo, cinco de los siete trabajadores somos mapuches.
¿Cómo cree que la gestión de Cristina Fernández ayudó a los pueblos originarios?
Creo que nos ayudó a través de la inclusión de programas nacionales, lo que significó una garantía a la tierra, y eso, es lo más sagrado que tenemos. Además, como dijo Cristina ‘antes íbamos a pedir y ahora vamos a ofrecer’. No hay que tener temor de llevar la convicción del país, que propone una política inclusiva, garantizando derechos y generando inserción de diversos orígenes. Gracias a Néstor y a nuestra presidente las comunidades crecieron y ahora son respetadas.
martes, 18 de octubre de 2011
Las elecciones son sólo argentinas
Por Daniel Emilio Rodriguez Germann
Aunque la constitución pregona la igualdad de derechos y de los seres humanos, en Argentina, más de un millón y medio de inmigrantes no pueden elegir quién será la persona que maneje el futuro del país donde viven. Los extranjeros residentes en el país no tienen derecho voto a nivel nacional y sólo en 4 provincias pueden elegir representantes más allá del intendente de la zona donde se radicaron.
Según los datos arrojados por el último censo, el total de población extranjera en el país es de 1.805.957 de los cuales 1.665.645 estarían en condiciones de votar para presidente si la ley electoral lo permitiese. El mayor grupo de inmigrantes proviene de Paraguay, al que lo siguen Bolivia, Chile, Perú e Italia.
Menos en Formosa y en La Rioja, donde no tienen derecho a voto, en todas las demás provincias los ciudadanos de otros países sufragan sólo por intendencias. En La Pampa también pueden elegir a los Jueces de paz. Y las condiciones necesarias para votar varían de acuerdo a la legislación de cada provincia.
En todas las provincias es requisito necesario la mayoría de edad -18 años-, menos en Jujuy y Santa Cruz que piden 21 años al votante. Los residentes deben haber vivido ininterrumpidamente un lapso de tiempo en el lugar donde emitirán el sufragio, que varía de uno a diez años. Buenos Aires, Chaco, Chubut, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Cruz y Tierra del Fuego exigen saber leer y escribir en español.
Sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Tucumán permiten, dentro de sus legislaciones, que el voto de un ciudadano extranjero radicado en el país sobrepase la coyuntura del barrio donde viven. En estos lugares el inmigrante puede elegir legisladores provinciales y gobernadores.
Cuesta entender cómo una persona que trabaja y aporta al sistema nacional, pero nació fuera de la frontera y está ligado a la República Argentina por su presente, no tenga derecho a elegir quién decidirá por el futuro del país donde vive.
Aunque la constitución pregona la igualdad de derechos y de los seres humanos, en Argentina, más de un millón y medio de inmigrantes no pueden elegir quién será la persona que maneje el futuro del país donde viven. Los extranjeros residentes en el país no tienen derecho voto a nivel nacional y sólo en 4 provincias pueden elegir representantes más allá del intendente de la zona donde se radicaron.
Según los datos arrojados por el último censo, el total de población extranjera en el país es de 1.805.957 de los cuales 1.665.645 estarían en condiciones de votar para presidente si la ley electoral lo permitiese. El mayor grupo de inmigrantes proviene de Paraguay, al que lo siguen Bolivia, Chile, Perú e Italia.
Menos en Formosa y en La Rioja, donde no tienen derecho a voto, en todas las demás provincias los ciudadanos de otros países sufragan sólo por intendencias. En La Pampa también pueden elegir a los Jueces de paz. Y las condiciones necesarias para votar varían de acuerdo a la legislación de cada provincia.
En todas las provincias es requisito necesario la mayoría de edad -18 años-, menos en Jujuy y Santa Cruz que piden 21 años al votante. Los residentes deben haber vivido ininterrumpidamente un lapso de tiempo en el lugar donde emitirán el sufragio, que varía de uno a diez años. Buenos Aires, Chaco, Chubut, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Cruz y Tierra del Fuego exigen saber leer y escribir en español.
Sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Tucumán permiten, dentro de sus legislaciones, que el voto de un ciudadano extranjero radicado en el país sobrepase la coyuntura del barrio donde viven. En estos lugares el inmigrante puede elegir legisladores provinciales y gobernadores.
Cuesta entender cómo una persona que trabaja y aporta al sistema nacional, pero nació fuera de la frontera y está ligado a la República Argentina por su presente, no tenga derecho a elegir quién decidirá por el futuro del país donde vive.
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